Día 1: Llegar a Copenhague y nos queremos quedar!

Sábado 20 de mayo de 2017

En ésta ocasión no nos toca madrugar tanto, nuestro vuelo de Vueling despega a las 10:00 de la Terminal 1 de Barcelona, como hacemos últimamente dejamos el coche aparcado en el mismo aparcamiento del aeropuerto, con reserva anticipada nos cuesta los 4 días 43,20€, y la comodidad de tener el coche a 1 minuto andando de la Terminal.

A la hora que toca embarcamos con ganas y alegría y unas dos horas después llegamos al aeropuerto de Copenhague. Del aeropuerto es muy fácil llegar al centro de la ciudad, en nuestro caso vamos a la estación de Osterport, ya que es la que está más cerca de nuestro apartamento de Airbnb. Compramos en el supermercado que está al lado, tanto para comer como para desayunar todos los días, sobretodo mañana que necesitaremos energía.

En bicicleta a por el dorsal

Ya son más de las cuatro de la tarde y tenemos que ir a buscar los dorsales para el maratón del día siguiente. Y como ya lo teníamos estudiado decidimos usar el servicio de bicicletas públicas Bycyklen. Las bicicletas son eléctricas y Copenhague es una ciudad, en nuestra opinión, mejor que Amsterdam para ir en bicicleta. Con carriles bici muy claros, bien señalizados y separados tanto de peatones como de vehículos. Así que a los que vayáis a Copenhague, os animamos a usar la bicicleta. Nosotros contratamos la tarifa de 10 horas prepagadas, por 300 coronas que vienen a ser unos 40 euros. Lo bueno es que con el mismo usuario y contraseña nosotros cogíamos las tres bicicletas. Tienen una tablet en el manillar, para introducir el código y la opción de google maps que te va indicando el camino a seguir, es facilísimo. Así que, merece la pena y disfrutas mucho más de la ciudad.

En un momento llegamos dónde está la feria del corredor, cerca del estadio de fútbol de Copenhague. Y después de hacer fotos con los dorsales, cotillear  y comprar alguna cosita, volvemos a nuestras bicis, cargados con la mochila de la carrera, para que todo el mundo sepa que ¡somos maratonianos! Nos dirigimos al centro de la ciudad para una primera toma de contacto. Dejamos la bicicletas cerca de la plaza Kongens Nytorv, que está en obras, pero aún así, nos gusta.

Empezamos a turistear por la ciudad

Como ya hemos dicho, todo el mundo en bicicleta, una ciudad muy ordenada, muy limpia y dónde toda la gente es amable y educada. Como no podía ser de otra manera, lo primero que hacemos es acercarnos a la famosa Nyhavn, el antiguo puerto de Copenhague, por supuesto con sus famosas casas de colores frente al canal. Además, hay multitud de terrazas repletas de gente tomando algo que le dan mucha vida y es el punto de partida de los barcos turísticos para navegar por la ciudad. Tomamos nota para realizar el paseo en barco otro día. Nos fijamos que hay dos compañías, que hacen el mismo recorrido y una es más barata que la otra, así que «la pela es la pela» y nos quedamos con el nombre de Netto Boat Tours. Paseamos por la zona y nos encontramos con la sorpresa de la zona de Copenhague Street Food, zona de terrazas y restaurantes, para tomar algo, no podemos evitar pedir un crep que está delicioso. Seguimos rondando la zona, todavía es de día, mucha gente por la calle y sobretodo muy buen ambiente, no podemos evitar seguimos haciendo fotos sin parar. Aunque eso sí ya nos empieza a preocupar un poco el reloj, mañana tenemos que madrugar y realizar un gran esfuerzo así que decidimos volver al apartamento para descansar.

Un detalle que no pensamos, que mencionamos por si a alguien le pasa lo mismo. En Copenhague las casas no tienen persianas, buscan mucho la luz, el problema es que en mayo a las cuatro de la madrugada ya es de día, así que nos despertamos pensando que llegábamos tarde y resultó que era demasiado pronto, así que si viajáis a Copenhague, llevaros el antifaz oscuro para dormir más cómodos.

La primera impresión que nos llevamos de la ciudad, nos deja fascinados, y nos hace pensar que nuestros políticos no tienen que inventar nada… copiar y pegar… Ojalá las ciudades españolas fueran así, limpiar, sin tráfico, ordenadas… entendemos por qué dicen que es la ciudad más feliz del mundo. Por eso necesitamos viajar, para aprender, comparar, mejorar, solo nos aporta cosas positivas.

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